PROMETO QUE LA VERDAD NO ME LA CALLO

jueves, 6 de octubre de 2016

Tiemblen Terroristas

 Por: Jesus Alvarez Lopez
Cuarenta años: la vida se me ha ido esperando que un día llegue el justo juicio de los hombres a pasar cuenta a los culpables del abominable crimen de Barbados. Pero ya creo que tendremos que esperar por la “justicia divina” porque los que ahora nos saludan con guantes de seda con la otra mano protegen a Posada Carriles que sigue “desayunando en el Versalles”. “Pusimos la bomba y qué”, le dijo temerario Hernán Ricardo entonces (uno de los autores materiales del sabotaje), a la periodista venezolana Alicia Herrera, con la confianza de quien se siente protegido por brazos vigorosos.

Claro que nadie olvida. Un ligero escalofrío me recorre al abdomen cada vez que escucho la voz firme del copiloto de la nave de Cubana de Aviación: “Fello, pégate al agua, Fello”. Y puedo imaginar lo que han sentido sus familiares. 

Por supuesto que sus crímenes no reconocen fronteras y no olvidamos a los guyaneses y coreanos muertos junto a los cubanos que ascendieron aquel día “al hermoso olimpo de lo mártires de la patria”. Esos hermanos guyaneses y coreanos fueron “daños colaterales” en la filosofía de los patrocinadores de los asesinos de Barbados. En su artículo: “Crimen de Barbados: Tenemos memoria”, publicado hoy en Cubadebate escribe José Pertierra: 

Pero quizás lo más impactante del expediente sobre el caso de Posada Carriles en Caracas es el informe del médico forense barbadense. Solamente se pudieron recuperar restos de 15 personas en las aguas profundas de Deep Water Bay, donde el CU-455 se hundió en el mar. El informe forense narra la condición en que se encontraban los restos de una niña guyanesa: “El cuerpo de una niña de unos 9 años de edad. Sin cerebro …, sólo los huesos faciales, el cuero cabelludo y el resto del cabello. Los pulmones y el corazón destruidos. El hígado y los intestinos destrozados. Ausencia del glúteo de la extremidad inferior derecha. Fractura compuesta de la tibia y el peroné…” Se llamaba Sabrina Paul y viajaba con su familia a Cuba. Ese informe médico con las fotos de los cadáveres de las víctimas es lo que más se le graba a uno en el corazón: el rostro humano del terrorismo impune.

Es verdad que hasta ahora no ha triunfado la justicia, pero con lágrimas en los ojos continuamos erguidos, viriles y enérgicos, sabiendo que la razón nos acompaña y son los terroristas los que tiemblan.

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